jueves, 12 de noviembre de 2009

A la madrugada desperte con sus gritos. Gritos desesperados. Desgarradores. Enseguida fui a ver que le ocurria. Me la encontré retorciendose en su cama, con lágrimas corriendo por sus marmóleas mejillas. Tratamos de despertarla durante no menos de diez minutos antes de que abriera sus hermosos ojos. No la presionamos para que hablara, pues nos dimos cuenta de que sería doloroso para ella. Tan solo años despues me enteraría de qué fue lo que le causó tanto dolor aquella noche.
Las chicas se fueron a dormir de nuevo, pero yo decicí quedarme con ella. Lo que mis ojos contemplaron aquella noche quedó grabado en mi memoria, y todavia es el dia de hoy que no me deja dormir tranquila por las noches. Ví como la pequeña Ginebra se transformaba en una sangrienta y despiadada bestia, que desgarro sin pudor alguno el cuerpo durmiente de nuestras dos amigas. Ví como las destrozaba, aplastaba y mutilaba, acabando con cualquier signo de vida en sus cuerpos. Todo esto lo ví desde un rincón, agazapada para salvar mi vida.

Nunca me explicó porqué hizo aquello. Al igual que tampoco me explicó porque no me mató. Pero no me importa, porque yo la amo, y por eso aguanto todas las noches, notando como se levanta al notar los primeros síntomas de madrugada. Al igual que noto como vuelve con el amanecer, se mete en la cama, me abraza y vuelve a dormir comodamente. Llevo mas de 20 años casada con ella, y todavía no sé por qué se transforma, ni como se controla para no matarme cada noche...

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