Incluso despues de tanto tiempo transcurrido y tantos otros misterios, este sigue llenandome de intriga. Quizás porque nunca lo pude resolver, quizás porque ocurrio en aquel lugar, no sé por qué. Solo sé que marcó mi vida y me hizo ver las cosas de otra manera.
Lo recuerdo como si fuera ayer. Cumplía quince años, era el día más feliz de mi vida, y había conseguido que mi padre me dejara ir de vuaje sola con mis amigas. Nada podía fallar. Iríamos a un pequeño pueblo de montaña, a pasar dos semanas en una hermosa cabaña de madera de pino.
Cuando llego el tan esperado momento del atardecer, momento que habíamos elegido para la partida por la belleza de la situacion, estabamos todas muy emocionadas. Enseguida enfilamos camino y nos dirigimos ansiosas hacia nuestro destino.
Despues de largas horas de viaje legamos. El paisaje era hermoso. Nos quedamos sin palabras.
Vimos nuestra cabaña a lo lejos y fuimos hacia ella. Entramos, nos encontramos un par de folletos con indicaciones y advertencias sobre la zona, y unas cuantas mantas en el sillón.
Repartimos las dos habitaciones y deshicimos nuestro equipaje. Yo compatiría habitación con Morgana y Haize.
- Vamos, Eiko - Nadira, Ginabra y Mayra ya estaban fuera esperandome, junto a las demás.
- Ya voy - sali corriendo de la habitación, y me fui a encontrar con ellas.
Salimos de la cabaña y nos dirigimos al pueblo que había montaña abajo. Hicimos todo el trayecto caminando y cantando. Llegamos y fuimos directas a la despensa del pueblo, a comprar comida para las próximas dos semanas.
Las chicas querían ir a ver el rio que pasaba por el pueblo, asi que nos encaminamos hacia allí. Era una visión hermosa, el ver aquel rio entre las montañas, con su agua cristalina corriendo serena, ajena al mundo exterior.
Volvimos todas con aquella magnifica imagen grabada en la retina, pero, no sé porque, a mi me dejó una sensación de soledad en el cuerpo. Era como cuando te encuentras con alguien triste y solo y te trasmite su tristeza. Deseché todo aquello. ''Era solo un rio'' me dije a mi misma, pero no sonaba convencida, al menos no del todo.
Cenamos entre risas y nos fuimos a dormir. La cama era un poco dura, pero al menos era una cama.
A la mañana siguiente, mientras desayunabamos, tocaron la puerta. Eran un par de chicos del pueblo que venían a avisarnos.
- No salgan de noche, señoritas, es peligroso desde hace un tiempo
- Por favor, hagan caso a nuestro aviso. No nos gustaría que les ocurriera lo mismo que a la pobre Manira
Nosotras nos miramos sin entender.
- ¿Qué le ocurrió a Manira?- a Haize le picaba la curiosidad.
- Algo horrible, señorita. Algo que es mejor no contar.
Dieron media vuelta y se fueron, no hicieron caso a nuestros gritos pidiendo que volvieran, que queríamos saber, no nos importaba que fuera horrible.
Nos quedamos con las ganas, y , algunas de nosotras, con el miedo en el cuerpo. Morgana, Mayra y Nadira no pudieron dormir, pero aún así, no salieron afuera.
En cambio Ginebra y yo quisimos explorar. No se nos ocurrió mejor idea que salir al bosque, a la medianoche. Siempre sentí la presencia del pequelo cuerpo de Ginebra temblando detrás de mi. O eso creía, porque cuando llevabamos una hora y media afuera sin encontrar nada extraño, me di la vuelta para avisarle que ya era hora de volver. Al girarme me encontré con que estaba completamente sola en aquel bosque aterrador. Grité su nombre,pero no obtuve respuesta. Supusé que habría vuelto a casa, así que me encaminé hacia allí. Pero no estaba.
Pasamos todo el dia siguiente buscandola, sin resultados. Me sentía terriblemente culpable, pero no estaba dispuesta a volver a casa. No ahora. Todas menos Morgana y Haize decidieron volver. Estaban muertas de miedo.
Las que se quedaron tambien tenían miedo, pero no lo mostraban. En cuanto a mi, salía todas las noches a buscar a Ginebra. Una noche, ya pardida la esperanza, salí por mera costumbre. Pensaba en que dos dias despues deberia volver y explicarles a unos desesperados padres como había causado la desaparición de su hija. De repente, oí un suave movimiento detrás de los arbustos y despues escuche una voz dulce, muy parecida a la de Ginebra. No le presté atención, porque la noche anterior ocurrió lo mismo y al final no era nada.
El sonido de aquella voz se volvió más insistente, parecía cantar. En un momento dejó de cantar y empezó a acercarse, susurrando mi nombre, pidiendo ayuda.
- Eiko, Eiko, ayudame, Eiko...
Era escalofriante, pero aún así traté de adivinar de donde provenia aquella voz. Estuve buscando y buscandom hasta que la encontré. Ginebra estaba tirada en el suelo, con las ropas rasgadas y el cuerpo arañado y magullado. La ayude a levantarse y la lleve a casa. Las chicas corrieron hacia nosotras cuando nos vieron llegar. La metimos en casa, la bañamos, la cambiamos y la metimos en la cama. No dijo una sola palabra.
A la madrugada me desperte con sus gritos,
miércoles, 11 de noviembre de 2009
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